Muchas personas buscan la oración de San Benito sin saber que está escrita, letra a letra, en el reverso de su medalla. Es el famoso «Vade retro, Satana», una oración breve y antigua para rechazar el mal y pedir la luz de la cruz. Aquí te la dejamos completa, en latín y en español, con cómo rezarla y lo que conviene saber para rezarla bien.

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Una oración escondida en una medalla

La medalla no lleva frases, sino iniciales, que un manuscrito de la abadía de Metten (Baviera) permitió descifrar en el siglo XVII. Dónde va cada letra lo contamos en el significado de la medalla de San Benito, y su historia en quién fue San Benito de Nursia. Aquí nos centramos en rezarla.

La oración de San Benito completa, en latín y en español

Esta es la fórmula que forman las iniciales, con la traducción española habitual:

Crux Sacra Sit Mihi Lux,
Non Draco Sit Mihi Dux.

Que la Santa Cruz sea mi luz,
que el demonio no sea mi guía.

Vade Retro Satana,
Numquam Suade Mihi Vana.
Sunt Mala Quae Libas,
Ipse Venena Bibas.

Apártate, Satanás,
no me aconsejes cosas vanas.
Malo es lo que me ofreces,
bebe tú mismo tu veneno.

En la cruz, además: Crux Sancti Patris Benedicti, «Cruz del santo padre Benito». En el anverso de muchas medallas, sobre todo las antiguas: Eius in obitu nostro praesentia muniamur, «que a la hora de nuestra muerte nos proteja su presencia». Arriba, PAX («paz»), el lema benedictino, o el monograma de Jesús, IHS.

En algunas medallas verás Non Suade en lugar de Numquam Suade: el sentido es el mismo.

Cómo rezarla

No hay una forma obligatoria; es corta, para repetirla en cualquier momento. Algunas costumbres sencillas:

  • Con la medalla en la mano, recorriendo con el dedo la cruz y las letras.
  • Al salir de casa por la mañana, o antes de un viaje.
  • Ante una tentación o un mal pensamiento: basta con un «Vade retro, Satana» dicho de corazón.

Puedes santiguarte, rezarla en latín o en español y terminar con un padrenuestro.

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Una oración de protección a San Benito

Si prefieres hablarle con palabras propias, esta es nuestra versión, por si te sirve:

San Benito, que pusiste toda tu confianza en la cruz de Cristo, intercede por mí y por los míos. Aparta de nuestra casa y de nuestro camino todo mal, toda tentación y todo engaño. Que la Santa Cruz sea nuestra luz en lo que hagamos hoy, que vivamos en paz y que, a la hora de nuestra muerte, nos proteja tu presencia. Amén.

La «oración contra el mal»: una oración de fe, no un conjuro

La tradición llama a esta fórmula oración de exorcismo; de ahí que se busque como «oración de San Benito contra el mal». Es un rechazo del mal hecho con fe, que cualquier cristiano puede decir. No es un rito de exorcismo, que en la Iglesia solo hace un sacerdote con licencia de su obispo, ni una fórmula que funcione por sí sola.

La Iglesia lo deja claro. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, al hablar de las medallas (n. 206), recuerda que nunca deben tenerse por un talismán, y advierte (n. 15) que los gestos simbólicos, sin fe por dentro, pueden degenerar en costumbres vacías o en superstición. Los benedictinos también rechazan usarla como si tuviera poder mágico. La medalla no es un amuleto: es un recordatorio de fe, y la oración tiene sentido cuando va unida a una vida que intenta parecerse a la de Cristo.

¿Y la oración de San Benito para el dinero?

Es una búsqueda frecuente, y la entendemos: detrás suele haber un trabajo que no llega o preocupación por la casa. Se puede pedir a San Benito por el trabajo y por las necesidades de la familia, como se pide por la salud o por un examen. Su Regla se resume en ora et labora, reza y trabaja. Lo que no hay es una fórmula mágica que traiga dinero: es una petición confiada, no un trato.

Llevar su medalla para llevar su advocación siempre

La medalla te recuerda la oración cada vez que la tocas, y la oración le da sentido. No hay una manera prescrita de llevarla; las costumbres más conocidas son:

  • Al cuello, con su cadena, o en la muñeca con una pulsera.
  • En el bolsillo o en el bolso, para tenerla siempre a mano.
  • En el coche, como compañía en los viajes.
  • En casa o en el lugar de trabajo; e incluso hay quien la pone en los cimientos al construir una casa nueva.

Si es para un bebé, te contamos la tradición de la medalla de San Benito en la cuna. Y si dudas sobre si bendecirla o cómo llevarla, mira nuestra guía de la medalla de San Benito.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la oración de San Benito?

Es la fórmula en latín cuyas iniciales lleva su medalla: «Crux Sacra Sit Mihi Lux, Non Draco Sit Mihi Dux; Vade Retro Satana, Numquam Suade Mihi Vana; Sunt Mala Quae Libas, Ipse Venena Bibas». En español: que la Santa Cruz sea mi luz, que el demonio no sea mi guía; apártate, Satanás, no me aconsejes cosas vanas; malo es lo que me ofreces, bebe tú mismo tu veneno.

¿Se puede rezar en español?

Sí. La fórmula original está en latín, pero rezarla en español tiene el mismo sentido. Lo importante es rezarla con fe.

¿La medalla de San Benito protege por sí sola?

No. La Iglesia recuerda que una medalla nunca debe tomarse como un talismán. Es un signo de fe que te recuerda a Dios y la intercesión de San Benito, y acompaña a la oración, no la sustituye.

¿Hay que llevar la medalla para rezar la oración?

No es necesario: la oración se puede rezar sin medalla. Pero llevarla ayuda a tener presente su advocación todo el día, y muchas personas la rezan con ella en la mano.

Datos que puedes comprobar

  • Las inscripciones de la medalla, su traducción y la frase Eius in obitu nostro praesentia muniamur, según la abadía benedictina de Silos, que recoge también el hallazgo de Metten y la aprobación de Benedicto XIV en 1742. Fuente
  • Los benedictinos explican que no hay una forma prescrita de llevarla (al cuello, en el bolsillo o el bolso, en el coche, en casa o en los cimientos de un edificio) y rechazan usarla como si tuviera un poder mágico. Fuente
  • El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, de la Santa Sede, advierte del riesgo de que los gestos simbólicos degeneren en costumbres vacías o superstición (n. 15) y trata las medallas en el n. 206. Fuente

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Marian y Bárbara


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